José Antonio Sarmiento, alfarería contemporánea con fuego de leña

Por MJ. Sarmiento • 15 de diciembre, 2003 • Tema: Artículos, José Antonio Sarmiento, Previo Agosto 2005

Mucho antes de todas las cosas existió el Caos;
Después la Tierra espaciosa.
Y el amor, que es el más hermoso de todos los Inmortales.

Hesíodo, Teogonía

Desde hace varios años José Antonio Sarmiento ha centrado su trabajo en el estudio de la vasija. Se ha interesado, desde la intención artística, por reivindicar el término alfarería (De alfaharería, arte de fabricar vasijas de barro cocido). Una acción no exenta de coraje, si tenemos en cuenta la confrontación categorial que genera en nuestro país, por muchas cuestiones en las que no procede entrar aquí y ahora. El caso es que hay en ello un reto repleto de contenido; una actitud libre, aunque exigente. Elude el exceso, lo complejo y costoso (en el sentido de lo aparente), respira un sentido de proporción humanista –respecto al hombre y su relación con la naturaleza, el hombre formando parte del universo y no en su centro–; trasciende un espíritu democrático fiel a una estética, sin caer en la postura del «esteta desenfrenado» (ciego y sordo ante la tragedia de la vida). Personalmente diría que revela una búsqueda de expresión artística con los pies en la tierra, desde el razonamiento cultural, pero sin olvidar el sexto sentido (la intuición) y ese otro sentido que nos permite avanzar (el sentido práctico). Desde tal postura, construye una sinergia en defensa de caer en un tipo de ceguera que bien podría definirse desde las palabras de Okakura Kakuzo: Los que no pueden sentir en sí mismos la pequeñez de las cosas grandes tienden a no ver la grandeza de las cosas pequeñas en los demás.

Seguramente una concreta manera de ser (actitud ante la vida), ha servido de combustible para mantener encendida la llama que alimenta la inclinación artística de José Antonio Sarmiento, traduciendo su fuerza motriz en un interés específico por la alfarería que se compromete con la cocción de leña en un horno anagama-noborigama. Trabaja pues en contacto con la naturaleza, imponiéndose un retiro voluntario –en el sentido de mantenerse alejado de lo que se consideran los circuitos oficiales del arte– al margen de distracciones, para dedicarse plenamente a la búsqueda de «la grandeza de las pequeñas cosas». La certeza de saber lo que no quiere hacer, y a donde no quiere llegar, son elementos decisivos para dirigirse por caminos no señalizados, aunque tenga que convivir con la incertidumbre. Tan firme resolución posee el bagaje necesario para llevar a cabo tan ardua tarea: la suficiente dosis de orgullo y humildad, talento natural, y gusto por la economía de medios. Podría parecer, a la vista de su trabajo, que la senda elegida descansa en conclusiones más propias de otras latitudes que de la cultura histórica a la que él pertenece, y, sin embargo, más que una intención premeditada es una consecuencia de personalidad y medio elegido, al seguir la brújula de su corazón y atender al lenguaje de los elementos que se trae entre manos, mientras se esfuerza –sobre todo y con todo– por implicarse con el medio, para rescatar la «esencia».

[desde la intención artística] A José Antonio Sarmiento le interesa hacer un tipo de cerámica que no precisa de justificaciones per sé, ni de comparaciones con otras disciplinas artísticas. Tiene muy claro el campo en que desea profundizar, llegando a la esencia desde el cuerpo de la esfera que le es propia; está convencido de su importancia. Cree, teniendo en cuenta la complejidad del medio, en la conveniencia de la especialización –no solamente desde la perspectiva de la creación, sino también desde la apreciación que se erige como conductor de conformación de opinión–. En ese sentido, quienes estamos de acuerdo con él, pensamos que tanto museos específicos y galerías especializadas, como opiniones críticas que trascienden una auténtica disposición de conocimiento, son elementos sumamente necesarios puesto que pueden ofrecer mejores garantías de una valoración más justa, o, en cualquier caso, hacer más asequible la facultad que precisa el discernimiento de la calidad.

En la obra de José Antonio Sarmiento contemplamos una actitud que elige una manera determinada de trabajar con el fuego, y que es relevante en cada una de sus piezas.

«Me mueve la necesidad de no abandonar la obra durante ninguna de las fases del proceso –dice José Antonio Sarmiento– de tal modo que para mí lo más lógico y natural fue trabajar con un horno de leña y especializarme en la cocción de alta temperatura, con ello vino mi admiración por la cultura japonesa que ha desarrollado de una manera muy natural este oficio». «Me fascina todo lo relativo al proceso de trasformación que acontece dentro del horno, pero no le doy menos importancia a la relación que establezco con la materia cuando tengo la arcilla húmeda entre mis manos, ni a la función o para qué la obra será destinada.»

Todas las fases del proceso son partes de un mismo núcleo y hay en su motivación algo compartido con la técnica, aunque no es solamente eso. Aprender… para después olvidar y encontrar un estilo de madurez; el resultado es una simbiosis de espontaneidad, reflexión, y acción, que desea comunicarse a través de su materialización, pero que en lo más íntimo seguramente sirve a una búsqueda de autenticidad (o, ¿debería decir de algo verdadero?)

«No creo en la inspiración –afirma José Antonio– creo más en el trabajo. No puedo preocuparme si van a criticarme por lo que hago o clasificarme en este u en otro estilo –como estilo occidental, o si acaso oriental–, tan solo porque utilizo los medios técnicos precisos para profundizar en el camino que deseo. No me interesa un tipo de arte que vive de apariencias, refugiándose en teorías; la verdad es que no creo en la búsqueda de un estilo de manera premeditada. Me gusta trabajar en un medio natural, auténtico, y estoy seguro que este es el mejor modo de poner la disposición para que surja una obra artística.»

Después de cocer, durante más de una década, en un horno de dos cámaras tipo Bourry pensó José Antonio construir otro más grande, para darse una mayor oportunidad de escoger tan solo las mejores piezas de cada hornada. Pero, cuando estaba a punto de empezar la obra para el nuevo horno, la casualidad le hizo coincidir con el prestigioso ceramista japonés Ryoji Koie, quien le facilitó la oportunidad de trabajar en Japón durante tres meses. Para José Antonio la experiencia le resultó muy satisfactoria, no solamente por el hecho de dar un destino digno a su trabajo, compartiendo espacio entre las obras de reconocidos maestros (en la galería Toko –Art Space Jonaisaka–, en Mashiko). También, porque le permitió profundizar en la esencia de lo que estaba buscando. Y, como resumen de la mencionada experiencia, podemos citar: La oportunidad de hacer sus propias piezas en el taller-estudio de Ryoji Koie (cuya extraordinaria obra simboliza el pensamiento artístico más vanguardista que cualquiera pueda imaginar, traspasando todos los límites con su frescura y libertad, pero conviviendo en completa armonía con la sabiduría de la tradición). Contemplar las obras maestras de los museos japoneses. Conocer personalmente a algunos de los más prestigiosos artistas en cocción de leña, como Shiro Tsujimura –especialista en anagama–, Shinsaku Hamada (hijo de Shoji Hamada) y Tatsuzo Shimaoka –ambos, especialistas en Noborigama–. Cambiar impresiones sobre la construcción del horno de su amigo, el americano Charlie Odum, quien desde hace varios años reside en Japón y trabaja con un Noborigama. Y la visita a otros muchos hornos, algunos de los cuales hoy son piezas de museo, como los que pertenecieron a maestros relevantes del movimiento contemporáneo Mingey –concretamente los hornos de Kanjiro Kawai y de Shoji Hamada–.

Con todo el fruto de la experiencia, José Antonio Sarmiento, regresó a España, dispuesto a continuar trabajando en su taller de San Cibrián de Ardón (León). A consecuencia de los acontecimientos vividos había decidido hacer algunas modificaciones en el horno planeado antes del mencionado viaje, una vez que comprendió la amplia libertad en la que podía moverse. En consecuencia, tomó la decisión –en consideración a las características del tipo de cerámica que quería hacer– de construir en un mismo horno los principios del Anagama y del Noborigama. De tal modo, el horno en el que hoy trabaja tiene una primera cámara (dôgima) que funciona como un Anagama –donde la leña y la obra comparten espacio- y donde consigue fuertes acumulaciones de ceniza, escorias… y demás efectos propios de este tipo de hornos de cocciones largas, durante varios días sin interrupción. Esta primera cámara u horno Anagama de José Antonio continúa con tres cámaras más (siguiendo el principio de los Noborigamas), donde consigue alcanzar alta temperatura –después de pasar cuatro días completos atizando el Anagama– en un tiempo de tres a cuatro horas para cada cámara, gracias a que el diseño de este tipo de hornos aprovecha el calor de las cámaras que preceden a cada una de ellas.

Y así, hoy, José Antonio Sarmiento trabaja en su horno «anagama-noborigama», ilusionado cada día –como si fuese el primero–. Siempre abierto a la sorpresa, disfrutando del ritmo de las estaciones, del día y de la noche, del amanecer y del crepúsculo, mientras esmalta (pinta) su obra con fuego (del fuego rojo al fuego blanco) lentamente…

La emoción en cada una de las piezas, en la más pequeña y en la de gran escala. Todas son importantes, todas merecen para él la misma dedicación; al igual que es importante: el contemplar la pequeñez de las cosas grandes, y la grandeza de las cosas pequeñas.

A propósito, nada mejor que terminar con un extracto de un poema de Kanjiro Kawai que dice:

Fuego en mi mano,
Una fría bola de fuego,
Fuego que ha cambiado su configuración
Atrapado en la arcilla
….. alfarería. (K. Kawai)

José Antonio Sarmiento; cocción en anagama: Cántaro 40cm, Vaso 17cm, Cuenco 6cm/h.

Artículo escrito por Mª Jesús Sarmiento, reproducido con el permiso de la Revista Cerámica. Publicado en el Nº 88 – 2003, págs. 26-29, Revista Internacional CERÁMICA, Madrid.

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4 comentarios »

  1. Hola, buenísimo el texto, me podrían instruir, por favor, en la construcción de un horno a leña para cerámica. Desde ya muchas gracias.

  2. deseo conocer como se fabrican los hornos de leña soy ceramista y me interesa para mis alumnos poder enseñarles si son tan amable y me envian a li correo algunos tip

  3. Estoy en plena busqueda y me senti muy cerca del relato….siento curiosidad por conocer este tipo de hornos a leña y poder utilizar este tipo de cocción . Soy alfarera y vivo en la patagonia argentina.Deseo información sobre la construcción de estos hornos o algo que pueda acercarme a ello,muchas gracias

  4. Hola, me gustó mucho la nota, soy artesano, tallista de madera y me dedico mucho a realizar escenas que llamo costumbristas, en este momento estoy terminando una escena de mujeres alfareras, pensando mucho en las ceramistas de aquí, del Norte argentino, yo soy de la patagonia (…)
    Ruben rodriguez
    El Bolson argentina

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