Anagama-Noborigama

Por MJ. Sarmiento • 21 de noviembre, 2002 • Tema: Anagama-Noborigama, Previo Agosto 2005, Técnica

Introducción: ¿qué es un anagama y un noborigama?

El idioma japonés tiene la palabra wabi, para describir la belleza esencial que hay en el mundo de la relatividad. En otros idiomas, incluido el Español, el término no tiene traducción equivalente. Sin embargo, podemos decir que su significado se encuentra en un espacio que describe la ausencia de vanidad y falsedad; respira una presencia de tranquilidad, goce, disfrute, y –al mismo tiempo– una ausencia de todo artificio y sofisticación, para simbolizar la belleza de lo incompleto, de lo aparentemente imperfecto. Podríamos decir que Wabi es un concepto abstracto que nos muestra su representación en lo Relativo. En palabras de Kichizaemon Raku XV: «En el arte del mundo de la cerámica, el espíritu del Wabi se envuelve en una estética que enfatiza la necesidad de no incorporar solamente la belleza de la Perfección».

Podemos ver resumida la belleza que mora en la estética que incorpora el concepto Wabi, en el siguiente poema del poeta Fujiwara Teika (1162-1241):

Mirando en la lejanía
No veo las flores de primavera,
Ni tampoco las hojas carmesíes
Pero, sin embargo, en el horizonte puedo ver una
casa con techo de paja
Recién cortada en vísperas del otoño

Sobre todo, el mundo del arte que se encuentra próximo a la estética Zen, es quien valora altamente las cerámicas cocidas con leña –en los hornos Anagamas y Noborigamas– porque, entre otras cosas, esas piezas poseen cualidades que incorporan el concepto Wabi que hemos mencionado.

Hablar de hornos de leña, en una época de alta tecnología, podría parecer una contradicción. Sin embargo, en el ámbito internacional de la cerámica contemporánea no industrial, en ese que incorpora conceptos desde el punto de vista artístico, este tipo de hornos de inspiración oriental, capaces de cocer con leña en alta temperatura, a “gran fuego” (1200-1350°C), representa un movimiento internacional que en la actualidad gana adeptos y consideración. No solamente entre los profesionales, sino también entre el público sensible que valora la naturalidad. Algo muy parecido a lo que ocurre con la cerámica esmaltada con sal, también de alta temperatura, pero desarrollada en Alemania (Europa), desde el siglo XVI. Y así quedan patentes estas inquietudes, en los encuentros de cerámica que se organizan, o, en el testimonio recogido por las publicaciones especializadas.

Para designar este tipo de hornos de leña –de alta temperatura–, a los que me voy a referir, las palabras técnicas que utilizamos han adoptado internacionalmente los términos japoneses de: Anagama y Noborigama. La razón es muy simple, pues de Japón hemos recibido el conocimiento de la técnica (como los japoneses los recibieron de China y Corea). Ana-gama podría traducirse por horno de una cámara. Nobori-gama, por horno de varias cámaras.

El objetivo de cocer en este tipo de hornos, utilizando leña como combustible durante largos periodos de cocción –varios días (entre tres y doce, e incluso más)– se refleja directamente en la cerámica. Nos muestra una estética que aprovecha efectos naturales, calidades que no pueden conseguirse de otra manera y que se revelan en las huellas impresas en la arcilla desnuda, por los flameados de la leña; en las acumulaciones de cenizas –convertidas en esmalte–, en la modificación de los esmaltes –al reaccionar con la química de las cenizas, y las diferencias de temperatura o de atmósfera (oxidante/reductora)–.

Antes de proseguir, me parece necesario, aunque sea de modo breve, incluir una básica explicación que pueda permitir el discernimiento, para quienes desconocen las diferencias entre un horno Anagama y un Noborigama, y, consecuentemente, las diversas características de la obra realizada en uno u otro horno.

Horno anagama-noborigama de José Antonio Sarmiento
San Cibrián de Ardón – León, España

El Anagama (horno de una cámara): es un tipo de horno cerámico, de leña y de alta temperatura; en Japón es uno de los más antiguos estilos de horno, construido en pendiente, tipo túnel. Dispone de un único espacio o cámara que funciona, simultáneamente, como hogar para la leña y como cámara donde se colocan las piezas. De tal modo, las piezas cocidas (1200-1350°C) en este tipo de hornos, presentan unas características especiales: acumulación de cenizas, escorias, grietas o deformaciones naturales (piroplasticidad), todo ello causado por el largo periodo de cocción y las diferencias de temperatura, etc. Hay que decir que la cocción en un horno Anagama no es demasiado predecible; requiere una gran experiencia por parte del alfarero, quien también se implica con los acontecimientos que le proporcionan la naturaleza y virulencia de las llamas (desarrolladas en estrecho contacto con la cerámica).

Los antiguos alfareros japoneses habían dejado de construir Anagamas a partir del siglo XVII, al sustituirlos por otro tipo de horno: el Noborigama (horno de varias cámaras), de tiro invertido. Debido a razones de una mayor productividad y un control más eficiente de la cocción que incluye la producción de esmaltes, como veremos a continuación cuando hablemos del Noborigama. Generalmente las producciones tradicionales realizadas en los antiguos hornos Anagama carecían de esmalte. Cuando vemos las piezas históricas realizadas en Anagama hay que saber que, aquello que –en ciertas zonas de las piezas– aparenta ser un esmalte elaborado, no es más que una acumulación de cenizas naturales, provenientes de la leña utilizada como combustible y convertidas en esmalte por la alta temperatura.

Felizmente, la cerámica contemporánea recuperó -después de 350 años de interrupción- la producción en Anagama; un revival iniciado a mediados de los años sesenta que debemos asociar, según nos cuenta Shiho Kanzaki, con artistas como los señores Michio Furutani, y, Yasuhisa Kouyama –en Shigaraki Japón–. Desde entonces y hasta el momento actual se ha producido un resurgimiento que se incrementa cada día. Y, como dato estadístico, observamos que tan solo en la localidad de Shigaraki, hoy, funcionan cincuenta y tres Anagamas. Aunque, lo mejor –según mi opinión– es que el mundo de los Anagamas y Noborigamas contemporáneos en activo ya no es localizable solamente en Japón o en Oriente, sino que también el interés y la práctica se ha extendido a los países occidentales, con gran calidad de obra y reconocimiento de sus autores.

De todas formas, como es natural, Japón continúa siendo una referencia importante en este estilo de cerámica. Algo bastante razonable si se piensa que el mayor número de artistas brillantes en esta especialidad son japoneses, aunque en su país hay muchas otras clases de cerámica también. Pero no hay que olvidar que ellos poseen una importantísima tradición en este tipo de cocciones y el mayor número de artistas dedicados a la especialidad cerámica. Además, como ya he dicho, la filosofía Zen se ha identificado estrechamente con este modo de hacer.

El Noborigama (horno de varias cámaras): es un horno cerámico de leña y de alta temperatura, de tiro invertido y construido en pendiente, con varias cámaras. Como ya he dicho, es un tipo de horno más moderno que su predecesor el Anagama, y se utilizó en Japón a partir del siglo XVII. En el Noborigama el hogar está situado al lado de las piezas, y no en el mismo lugar, como hemos visto en el Anagama; en él las piezas, también, reciben contacto con las llamas aunque el impacto es mucho más suave: poseen huellas del fuego de leña, pero al recibir un contacto menos dramático no contienen tanto depósito de ceniza. Como contrapartida, este horno ofrece otras posibilidades, como trabajar con diferentes tipos de esmaltes (separados en cada cámara, pero cocidos dentro de la misma hornada).

Por consiguiente, un Noborigama permite hacer un mayor número y también una mayor diversidad de producción, al poder controlarse individualmente cada cámara. Por ejemplo, se puede cocer en todas las cámaras en alta temperatura o incluso dejar la última, o las últimas, para bizcochar, tan solo con el calor radiante (el calor que normalmente en otros hornos se perdería por la chimenea). Es cierto que el Noborigama es más predecible y ofrece mayores posibilidades de control, si lo comparamos con el Anagama. No obstante, hay que decir, que no en mayor grado que otro tipo de hornos más modernos, sino tanto como puede serlo un horno de leña. Y… ya se sabe, cocer con leña –en cualquier tipo de horno– siempre va unido al riesgo y a una aventura apasionante.

En España, los dos primeros hornos noborigama que han funcionado fueron los de Artigas (padre e hijo) construidos durante los años sesenta en Gallifa (Cataluña), en lo que actualmente es la “Fundació Tallers Josep Llorens Artigas”. En estos hornos, que bautizaron con el nombre de “Mashiko” (el noborigama de tres cámaras) –a cuya inauguración vendría Shoji Hamada– y “Celadón” (el noborigama de cuatro cámaras), también se cocieron las obras de Miró.

El momento actual recoge una visión que ha dejado de centralizarse en localidades concretas para hacerse más internacional; se aprecia un notable interés que elimina fronteras –entre los artistas/alfareros– sobre este tipo de arriesgadas cocciones y la filosofía en que esta práctica les implica. Hay Anagamas y Noborigamas funcionando, además de en Japón, en Estados Unidos, Francia, Inglaterra, Alemania, Suiza, Australia, Nueva Zelanda, Noruega, Canadá, etc. y también en España, como es el caso de José Antonio Sarmiento.

Durante las últimas tres o cuatro generaciones la historia de la cerámica contemporánea se ha enriquecido, con la obra de autores que cariñosamente apodamos como “los fogoneros de leña”; un movimiento de “vanguardia” que sin duda supone otro paso adelante al encuentro del “espíritu del fuego”. Estos autores, con su obra, nos introducen en otro modo de implicación artística absolutamente honesta y fruto del trabajo de cada día. Seguramente hablamos de una clase de artista diferente, capaz de interesarse profundamente en cada hornada hasta ceder en su egocentrismo, para sumergirse en un microcosmos cuyo sentido estético, y filosófico, se comprende si nos tomamos un tiempo razonable en contemplar la obra en sí. Pues en la obra misma se haya todo su significado.

En España, he escuchado –en más de una ocasión– por boca de más de un conocedor, y en actitud de desánimo, un continuo lamento por la desaparición de la alfarería tradicional. Me gustaría tranquilizarles, decirles que la alfarería sigue viva, en las manos de estos creadores. Hay que pensar que desde los principios de los tiempos la evolución de la alfarería no ha ido surgiendo por generación espontánea, se ha ido nutriendo de los conocimientos de otras culturas, mas o menos cercanas; es decir, lo que en este momento entendemos por alfarería tradicional no es más que el resultado de una evolución paulatina, acorde a los modos de vida, las circunstancias, los medios a su alcance (incluidos los intercambios en lo que se refiere a conocimientos técnicos, función, cultura y gustos estéticos o modos de vida), hasta aglutinarse, cristalizar, en lo que se entiende como “tradición”. Vivimos una época contradictoria donde aparentemente solo existe lo que sale en los medios de comunicación. De ninguna manera podemos permitir que los malos ejemplos –por abundantes– ensombrezcan la excelencia de los buenos, aunque éstos sean menor en número. Es muy importante para el público la opinión del conocedor experto; pedimos su apoyo porque el artista no puede hacerlo todo, ya tiene bastante con hacer su trabajo, y necesita la colaboración del conocedor. Personalmente no puedo entender ciertas posturas encerradas en el pasado que, incluso a veces, no dudan en defender periodos que han sido decadentes para la cerámica. A modo de reflexión me gustaría plantear una pregunta: ¿No serán las cosas auténticas de hoy quienes están haciendo, con espíritu contemporáneo, lo que en el futuro alguien denominará “tradición”?

La auténtica alfarería tradicional, por fin salvaguardada en museos, sin duda, supone una importante referencia y un punto de inspiración. Pero no hay que olvidar que los artistas actuales están trabajando, lo hacen con sentido contemporáneo y aunque, en la forma y en la intención, sus obras sean diferentes sentimos que han captado la misma esencia: la “vida” de cada vasija; algo que solamente la autenticidad proporciona.

A veces se percibe un claro enfrentamiento entre quienes defienden la postura tradicional frente a los que defienden la modernidad. Personalmente preferiría que se hablase más en términos de calidad que en términos de “antiguo” o “nuevo”. El artista siempre ha caminado un paso por delante, y lo que hoy puede no ser aceptado mañana puede llegar a ser altamente valorado y reconocido. No debemos olvidar que, al paso de las generaciones, la apreciación suele ser cambiante.

María Jesús Sarmiento, Noviembre 2002

En relación a los hornos Anagama-Noborigama, recomendamos consultar el artículo Anagama y Noborigama: hacia la comprensión de los resultados de un método de cocción (RC núm. 87 2003, Pág. 26-31).

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4 comentarios »

  1. Les felicito por su página web. Estoy en Paraguay en Sudamerica, Aqui se está por primera vez construyendo un horno Noborigama, con ayuda de un espert japonés, y estoy participando de este proyecto, y su página me esta ayudando a comprender mejor la esencia del Noborigama. Gracias y saludos
    Claudia Migone

  2. Fué muy enriquecedor leer sobre la diferencia de los hornos y los términos en japonés. Muchas gracias.

  3. Caros Maria Jesus y Jose Antonio,

    Vos felicito por la calidad y cantidad de informacion en vuestro site.
    Deseo que se encuentren bien.
    Mi pergunta es: qual es la possibilidad de assistir a una coccion en el anagama?

    Un fuerte abrazo desde Portugal

  4. Estoy interesada en un horno de barro japonés, se llama IMPERIAL KAMADO, si lo comercializan o saben de alguien que lo distribuya me gustaría si me pueden ayudar.

    Aguardo su respuesta,

    Muchas Gracias,

    Saludos Cordiales,

    Cecilia 15-6249-8383

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