Archivo del tema ‘Técnica’

Génesis de la obra de José Antonio Sarmiento

Por • 28 de abril, 2006 • Tema: José Antonio Sarmiento, Técnica

1. Elegir la tierra: color, plasticidad, resistencia. Polvo y agua, remangarse los pantalones y la camisa.

2. Mezclar y amasar: dolor de espalda, sudor, trabajo. Las máquinas entran en acción, en ese momento no es posible oír a Mozart. Mezclar la chamota igual que el cocinero pone sal en el guiso. El gran espaguetti de Leonardo estaba pensado para saciar el hambre de todo un ejército.

Polvo y agua / mezclar y amasar

3. Dar forma: modelar la frescura de la arcilla, el tacto, el olor. El gesto es la huella y el trazo en el lodo, el de la pincelada de óxido de hierro. El tallado es el surco en el campo, el movimiento de las lombrices de tierra. Son los colores los de la tierra de los campos abrasados. El color de la primavera y la ceniza son los verdes y amarillos. El blanco es el del caolín, el de las nieves del invierno, el de la escarcha sobre la hierba de primavera, el de la flor del ciruelo, el de la luna llena. El negro es del humo y las sombras de la noche, el del hierro, el del carbón, el de la pena. El azul es el de los cielos, el de las aguas, el azul y rojo de los atardeceres.

Domingo al sol

Dar forma

4. La energía del fuego: la acción en el horno, la llama devoradora de madera, dominar el viento, sujetar el tornado de fuego; sentir el día, la noche, el amanecer y el día de nuevo, la lluvia y el sol, el frío y el calor en la cara.

La energía del fuego (atizando el noborigama)

5. Soportar con paciencia la espera: tapiar y dejar enfriar el horno, elegir, encontrar respuestas, plantearse nuevas preguntas, insistir una y otra vez, el tema adquiere otro significado más allá del objeto. Comenzar de nuevo.

No se habla aquí de objetos decorativos, no de frivolidades.

Disfrutemos pues de esos momentos privilegiados que hacen posible encontrarnos con el lenguaje de la obra de arte. Escuchémosla a ella hablar con toda su fuerza porque nos mantiene alerta, ofreciendo armas para enfrentarse a esta aventura que es la vida del homo faber con toda su complejidad. Sirve para ayudarnos en la búsqueda de respuestas, sirve para abrir los ojos y ver más allá de nuestras narices.

Canción de tierra, gres anagama D. 80cm.

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Keshiki (paisajes)

Por • 17 de marzo, 2006 • Tema: Anagama-Noborigama, José Antonio Sarmiento, Técnica

El término japonés keshiki se refiere a los “paisajes” formados en la cerámica cocida en el horno anagama: los efectos conseguidos por la experiencia y el conocimiento del ceramista junto con los fenómenos naturales ocurridos dentro del mismo horno, cuando en éste se ha alcanzado y mantenido durante un tiempo considerable, desde al menos cuatro días, altisima temperatura (fuego blanco).

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José Antonio Sarmiento / “Paradoja” D.47cm.

Estos matices y marcas de fuego narran la historia de lo ocurrido: la acumulación de ceniza, la temperatura y la atmósfera o el viento, el lugar y la posición que las piezas han ocupado dentro del anagama.

Acercamos la mirada a algunos de estos paisajes. Entiéndase que hay muchos más y que a su vez cada uno de ellos puede derivarse en una variedad sin límite. De igual modo, las denominaciones o nombre propio que los distingue una veces no son más que símiles lógicos en alusión inspirada por el recuerdo de cosas encontradas en la naturaleza, otras simplemente son una sencilla descripción de lo ocurrido, de los materiales manejados y de los fenómenos acontecidos por las condiciones.

Las fotos, pertenecen a detalles de la obra de José Antonio Sarmiento (España – León, 1956), horneada en anagama durante siete días y en un rango aproximado de entre 1300 y 1350 grados ºC, dependiendo del lugar o situación que la pieza ocupó en el anagama.

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Anagama y Noborigama: hacia la comprensión de los resultados de un método de cocción

Por • 15 de diciembre, 2003 • Tema: Artículos, Previo Agosto 2005, Técnica

Ana-gama: (Del japonés; ana =pendiente; gama= De Kama, horno) tipo de horno cerámico, alimentado con leña a 1260-1350º C. En Japón es un estilo de horno de los más antiguos, de inspiración coreana, construido semienterrado en la pendiente de la montaña, tipo túnel. Dispone de un único espacio o cámara que funciona, simultáneamente, como hogar para la leña y como cámara donde se colocan las piezas.

Nobori-gama: (Del japonés; nobori =de varias cámaras; gama = De Kama, horno) tipo de horno cerámico de varias cámaras comunicadas entre si; construido en pendiente, de tiro invertido y alimentado con leña 1260-1350º C.

INTRODUCCIÓN:

Permítaseme comenzar con una pregunta: ¿Es la cocción de leña, en hornos de alta temperatura (Anagamas y Noborigamas), un mundo aparte en el ámbito de la cerámica artística contemporánea? Aunque así fuese, nos parece que la pasión por la leña (cerámica cocida con leña) nos conduce a otros modos de entender la vinculación del ser humano con la creación artística, en relación con la naturaleza del medio y la personalidad del individuo. Quizá hay en ello un concepto “filosófico” que en cierto modo podría calificarse de «anti-arte» –si se me permite la licencia o exageración por la libertad de utilizar el término filosófico subjetivamente– Y digo «anti-arte» entendiendo el vocablo arte tanto desde el punto de vista académico occidental de tradición neoclásica como, incluso, desde algunas de las corrientes actuales (las vinculadas en su raíz a tales postulados, y también las diametralmente críticas con ellos: las que proclamaron «la muerte del arte»). Quiero decir que el entorno de la cocción de leña, objeto de análisis, podría conducirnos a otros estratos de percepción, y con ello ampliar los significados del término Arte. Es más, yo diría que nos conduce, dentro del terreno de lo humano y desde un pensamiento liberal, a una perspectiva capaz de engarzar la preocupación artística con la experiencia vital. Y para precisar tal afirmación de un modo más didáctico expondré, lo más brevemente posible, alguno de los razonamientos que me han encaminado a tal conclusión.

En más de una ocasión ya he dicho que el horno de leña en la época de la tecnología podría parecer una contradicción. Sin embargo, desde la modernidad, hay razones para utilizar estos hornos y tienen que ver con la libertad creativa y la intemporalidad. Sencillamente, es la manera más natural de conseguir el resultado que se persigue. Con todo, quienes apreciamos un valor añadido en este tipo de cerámica, no lo hacemos por un especie de culto al pasado, ni tampoco solamente por la técnica en sí misma. Tal valoración contempla una condición sin e qua non: es preciso que la obra irradie autenticidad, algo que solo se da cuando se ha establecido –en mágica sincronía– la compenetración de la expresión personal y los medios materiales: expresionismo abstracto. Quizás habría que preguntarse si resulta que el manejo de esa técnica, y todo lo implícito a ella, encierra en sí unas condiciones especiales, propiciatorias, para que eso se produzca, o si por el contrario, hay un tipo de artista que lo elige por su idiosincrasia. De cualquier modo, puede creer el lector que los artistas especialistas en esta rama de la cerámica, al menos los que yo conozco, seleccionan de cada hornada las mejores piezas, desechando (rompiendo sin contemplaciones) aquellas que no pasan el baremo de su exigente juicio. Unas veces por dis-gusto personal, y otras a consecuencia de las duras condiciones a las que han sido sometidas las obras dentro del horno, y que a juicio de los maestros han sobrepasado los límites (se han estropeado). Sobre todo, esto último, ocurre más frecuentemente en los Anagamas [método que según los especialistas asume pérdidas de entre un 10% hasta incluso un 30%] donde las piezas reciben un contacto más dramático con las llamas que en los Noborigamas, sin menospreciar la dificultad de estos últimos, como ocurre con cualquier otro tipo de horno de leña –cuanto más de alta temperatura, como es el caso.

Este exigente criterio de selección nada tiene que ver con los parámetros de tradición helénica (como p. ejemplo: simetría bilateral); tampoco se rige por los cánones de calidad seguidos por la industria cerámica, o lo que ésta pudiese considerar como «defectos». En el caso que contemplamos podemos decir, de tal modo, que es el criterio artístico quien aprovecha y valora esos “defectos”, o mejor dicho: lo que otros ojos tomarían como defectos y que, sin embargo, esta rama de la cerámica convierte en virtud, «resultados interesantes». En consecuencia se nos presentan piezas que perturban algunos de los tópicos sostenidos por el tradicionalismo occidental, nos acercan al microcosmos de la materia y al mundo de lo Relativo, enfrentándonos cara a cara con su autenticidad.

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Anagama-Noborigama: el horno de José Antonio Sarmiento

Por • 21 de noviembre, 2002 • Tema: Anagama-Noborigama, José Antonio Sarmiento, Previo Agosto 2005, Técnica

En San Cibrián de Ardón, León (España)

Es necesario decir que para la construcción de este tipo de hornos, de los que anteriormente hemos hablado, no existen reglas fijas. Normalmente, cada artista suele construir el horno que precisa para su trabajo. En la mayoría de los casos cada uno se ha servido de una información general, para después adaptar su horno a sus necesidades concretas, según la experiencia y el tipo de producción que desea hacer. Sin embargo, como dice el maestro y prestigioso artista especialista en Anagama, Shiho Kanzaki (Shigaraki, 1942): «Después de más de 350 años sin trabajar con Anagamas, cualquier ceramista que recientemente haya construido un Anagama ha tenido que “avanzar a tientas en la oscuridad” y estudiar duramente como cocer mejor en esos Anagamas».

En la entrada Alfar-estudio de José Antonio Sarmiento, he mencionado que la decisión adoptada por José Antonio –de construir su horno, de una determinada manera– surgió después de su primer viaje a Japón. Desde hacía tiempo fraguaba en él la idea de cocer en un horno de leña, con mayor capacidad de la que disponía en el que estaba trabajando durante una década, e incluso tenía preparada una maqueta. Pero, con la visita a un gran número de hornos en Japón, entendió la amplia libertad en la que podía moverse. Y, finalmente, construyó el nuevo horno combinando ambos principios: Anagama-Noborigama; así pues, el horno de San Cibrián de Ardón, tiene una primera cámara (hogar) que funciona como un pequeño anagama, y el resto como un noborigama de tres cámaras.

Aunque José Antonio insiste en que no hay reglas fijas en este tipo de hornos, nos ofrece –a continuación– el plano del suyo. Dice: «Una de las ventajas de construir tu propio horno es la posibilidad que te ofrece de diseñar el horno adecuado al trabajo que quieres hacer. Yo realizo la cocción en tres días (aprox. 68-72h)*, aunque el horno puede llegar a la temperatura en 36 horas. Pero, se trata de “pintar con fuego”, conseguir efectos mediante la acumulación de cenizas. Hay que aprender a leer en el fuego, a escuchar el sonido del viento en el horno, y estar atento a los cambios que tienen lugar durante la cocción; cada cocción es diferente y precisa de toda tu experiencia, instinto y concentración. Por el momento estoy conociendo mi horno, y…. estoy pensando en ir alargando el tiempo de cocción».

* Post escriptum: En el año 2004 J.A. Sarmiento comenzó a hacer cocciones de siete días.

El horno anagama-noborigama de José Antonio Sarmiento

    1. cenicero
    2. parrilla
    3. boca hogar
    4. anagama
    5. mirilla anagama
    6. mirilla noborigama
    7. noborigama: 1ª cámara
    8. noborigama: 2ª cámara
    9. noborigama: 3ª cámara
    10. cámara de la chimenea
    11. ventana de la chimenea
    12. chimeneas (dos de 0,35 x 0,35cm)

Cada hornada es una aventura….

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Anagama-Noborigama

Por • 21 de noviembre, 2002 • Tema: Anagama-Noborigama, Previo Agosto 2005, Técnica

Introducción: ¿qué es un anagama y un noborigama?

El idioma japonés tiene la palabra wabi, para describir la belleza esencial que hay en el mundo de la relatividad. En otros idiomas, incluido el Español, el término no tiene traducción equivalente. Sin embargo, podemos decir que su significado se encuentra en un espacio que describe la ausencia de vanidad y falsedad; respira una presencia de tranquilidad, goce, disfrute, y –al mismo tiempo– una ausencia de todo artificio y sofisticación, para simbolizar la belleza de lo incompleto, de lo aparentemente imperfecto. Podríamos decir que Wabi es un concepto abstracto que nos muestra su representación en lo Relativo. En palabras de Kichizaemon Raku XV: «En el arte del mundo de la cerámica, el espíritu del Wabi se envuelve en una estética que enfatiza la necesidad de no incorporar solamente la belleza de la Perfección».

Podemos ver resumida la belleza que mora en la estética que incorpora el concepto Wabi, en el siguiente poema del poeta Fujiwara Teika (1162-1241):

Mirando en la lejanía
No veo las flores de primavera,
Ni tampoco las hojas carmesíes
Pero, sin embargo, en el horizonte puedo ver una
casa con techo de paja
Recién cortada en vísperas del otoño

Sobre todo, el mundo del arte que se encuentra próximo a la estética Zen, es quien valora altamente las cerámicas cocidas con leña –en los hornos Anagamas y Noborigamas– porque, entre otras cosas, esas piezas poseen cualidades que incorporan el concepto Wabi que hemos mencionado.

Hablar de hornos de leña, en una época de alta tecnología, podría parecer una contradicción. Sin embargo, en el ámbito internacional de la cerámica contemporánea no industrial, en ese que incorpora conceptos desde el punto de vista artístico, este tipo de hornos de inspiración oriental, capaces de cocer con leña en alta temperatura, a “gran fuego” (1200-1350°C), representa un movimiento internacional que en la actualidad gana adeptos y consideración. No solamente entre los profesionales, sino también entre el público sensible que valora la naturalidad. Algo muy parecido a lo que ocurre con la cerámica esmaltada con sal, también de alta temperatura, pero desarrollada en Alemania (Europa), desde el siglo XVI. Y así quedan patentes estas inquietudes, en los encuentros de cerámica que se organizan, o, en el testimonio recogido por las publicaciones especializadas.

Para designar este tipo de hornos de leña –de alta temperatura–, a los que me voy a referir, las palabras técnicas que utilizamos han adoptado internacionalmente los términos japoneses de: Anagama y Noborigama. La razón es muy simple, pues de Japón hemos recibido el conocimiento de la técnica (como los japoneses los recibieron de China y Corea). Ana-gama podría traducirse por horno de una cámara. Nobori-gama, por horno de varias cámaras.

El objetivo de cocer en este tipo de hornos, utilizando leña como combustible durante largos periodos de cocción –varios días (entre tres y doce, e incluso más)– se refleja directamente en la cerámica. Nos muestra una estética que aprovecha efectos naturales, calidades que no pueden conseguirse de otra manera y que se revelan en las huellas impresas en la arcilla desnuda, por los flameados de la leña; en las acumulaciones de cenizas –convertidas en esmalte–, en la modificación de los esmaltes –al reaccionar con la química de las cenizas, y las diferencias de temperatura o de atmósfera (oxidante/reductora)–.

Antes de proseguir, me parece necesario, aunque sea de modo breve, incluir una básica explicación que pueda permitir el discernimiento, para quienes desconocen las diferencias entre un horno Anagama y un Noborigama, y, consecuentemente, las diversas características de la obra realizada en uno u otro horno.

Horno anagama-noborigama de José Antonio Sarmiento
San Cibrián de Ardón – León, España

El Anagama (horno de una cámara): es un tipo de horno cerámico, de leña y de alta temperatura; en Japón es uno de los más antiguos estilos de horno, construido en pendiente, tipo túnel. Dispone de un único espacio o cámara que funciona, simultáneamente, como hogar para la leña y como cámara donde se colocan las piezas. De tal modo, las piezas cocidas (1200-1350°C) en este tipo de hornos, presentan unas características especiales: acumulación de cenizas, escorias, grietas o deformaciones naturales (piroplasticidad), todo ello causado por el largo periodo de cocción y las diferencias de temperatura, etc. Hay que decir que la cocción en un horno Anagama no es demasiado predecible; requiere una gran experiencia por parte del alfarero, quien también se implica con los acontecimientos que le proporcionan la naturaleza y virulencia de las llamas (desarrolladas en estrecho contacto con la cerámica).

Los antiguos alfareros japoneses habían dejado de construir Anagamas a partir del siglo XVII, al sustituirlos por otro tipo de horno: el Noborigama (horno de varias cámaras), de tiro invertido. Debido a razones de una mayor productividad y un control más eficiente de la cocción que incluye la producción de esmaltes, como veremos a continuación cuando hablemos del Noborigama. Generalmente las producciones tradicionales realizadas en los antiguos hornos Anagama carecían de esmalte. Cuando vemos las piezas históricas realizadas en Anagama hay que saber que, aquello que –en ciertas zonas de las piezas– aparenta ser un esmalte elaborado, no es más que una acumulación de cenizas naturales, provenientes de la leña utilizada como combustible y convertidas en esmalte por la alta temperatura.

Felizmente, la cerámica contemporánea recuperó -después de 350 años de interrupción- la producción en Anagama; un revival iniciado a mediados de los años sesenta que debemos asociar, según nos cuenta Shiho Kanzaki, con artistas como los señores Michio Furutani, y, Yasuhisa Kouyama –en Shigaraki Japón–. Desde entonces y hasta el momento actual se ha producido un resurgimiento que se incrementa cada día. Y, como dato estadístico, observamos que tan solo en la localidad de Shigaraki, hoy, funcionan cincuenta y tres Anagamas. Aunque, lo mejor –según mi opinión– es que el mundo de los Anagamas y Noborigamas contemporáneos en activo ya no es localizable solamente en Japón o en Oriente, sino que también el interés y la práctica se ha extendido a los países occidentales, con gran calidad de obra y reconocimiento de sus autores.

De todas formas, como es natural, Japón continúa siendo una referencia importante en este estilo de cerámica. Algo bastante razonable si se piensa que el mayor número de artistas brillantes en esta especialidad son japoneses, aunque en su país hay muchas otras clases de cerámica también. Pero no hay que olvidar que ellos poseen una importantísima tradición en este tipo de cocciones y el mayor número de artistas dedicados a la especialidad cerámica. Además, como ya he dicho, la filosofía Zen se ha identificado estrechamente con este modo de hacer.

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