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Visita guiada a la exposición de Gerd Knäpper en Valencia

Por • 24 de febrero, 2009 • Tema: Artículos, Conferencias, Destacados, Exposiciones, Recomendados

Valencia, 29 de enero de 2009, día de la inauguración de la exposición de Gerd Knäpper en el Museo Nacional de cerámica «González Martí».

El artista –en la imagen, segundo por la izquierda- entre el traductor y Liliane Cuesta, conservadora del museo valenciano y coordinadora de la muestra, fue presentado al público asistente por el cónsul honorario de Alemania, Ilmo. Sr. D. José Luís Cervera, quien destacaba en su discurso lo que en síntesis según su percepción es característica principal de la obra del artista alemán residente en Japón: Una obra cerámica de extraordinaria factura en la que se aprecia la combinación del carácter alemán en el rigor de la estructura junto a una poética oriental asentada en la contemplación de la naturaleza y la sabiduría de la tradición cerámica del Japón en la aplicación del horno Noborigama con el que el ceramista trabaja. A la derecha de la foto, junto al cónsul, la presencia del ceramista Mariano Poyatos, coordinador de los I Encuentros Internacionales de Arte – Culla Contemporánea (2007, Castellón), en los que Gerd Knäpper ha sido artista participante, en calidad de invitado de honor.

Knäpper  junto a una imagen de su horno Noborigama Lugar, inspiración y proceso

Desde finales de los años sesenta, Gerd Knäpper (Alemania, Wuppertal 1943) vive en Japón, donde ha desarrollado una carrera como escultor y ceramista independiente, hasta el punto de que el éxito obtenido allí determinó su residencia de modo definitivo al formar una familia (contrajo matrimonio con una japonesa) y consolidar en la tranquilidad del campo un lugar idílico (Tarasoka, “estudio-galería” y hornos de leña) para la creación de su obra personal.

El mismo artista nos lo comentaba durante la inauguración de esta exposición en Valencia, afirmando que cuando fue a Japón para ampliar conocimientos dentro de la especialidad cerámica no tenía intención de quedarse nada más que dos o tres años; sin embargo, el éxito que obtuvo con su trabajo como hemos dicho fue decisivo. Bernard Leach le recomendó al prestigioso maestro Tatsuzo Shimaoka (quien le aceptó como ayudante en su taller de Mashiko por un tiempo, después de estudiar en Seto con Suzuki, su destino después de recorrer diversos países y embarcarse desde Estados Unidos hasta Japón, atraído sobre todo por la cerámica). Entre los diversos reconocimientos obtenidos en el país del sol naciente seguramente fue decisivo para su futuro conseguir el gran premio otorgado por el Primer Ministro de Educación (I Premio de Cerámica Artística, Tokio 1971, a una cerámica tradicional japonesa), para sorpresa de todos, incluso de los miembros del jurado, ya que se trataba de una obra contemporánea de carácter japonés cuyo autor resultó ser un extranjero (un ceramista originario de Alemania, formado entre Alemania, Estados Unidos y Japón).

Sin embargo, Gerd Knäpper no considera su obra ni alemana ni japonesa sino inspirada en el arte primitivo y moderno de muchas culturas. «Como artista -dice- no me considero a mi mismo ni japonés ni alemán. Gracias a mi singular situación, mi obra posee una estructura independiente tanto del Este como del Oeste».

Gerd Knäpper, imágenes de izqda a dcha ONDAS / TORSO (65 x 39 x 30 cm) 2001

Técnicamente la obra de Knäpper se ha realizado fundamentalmente en un horno Noborigama, utilizando pino rojo como combustible (su horno tiene cuatro cámaras construidas en pendiente, sin contar la cámara de fuego para la leña) y consolidada en una cocción rápida -36 horas-, alcanzando 1280-1300 grados centígrados. Un número importante de piezas presentan el color tostado del flameado sobre la arcilla y un “autoesmaltado” que en los bajorrelieves de las piezas talladas revelan un difuminado bastante regular, conseguido posiblemente como resultado de aplicar en crudo un engobe de ceniza, fundido en el cuerpo de la arcilla al ser sometido a tan altas temperaturas, madurado y soldado por toda la superficie junto a los restos de cenizas y sales volátiles.

Visita a la Exposición

Tres fotografías murales, instaladas en la sala, muestran el entorno del taller-estudio del artista: en una se ve un precioso paisaje nevado, con los campos y los edificios de la residencia Tarosaka en Daigo, donde Knäpper ha devuelto todo el esplendor a la antigua finca tras una impecable restauración efectuada en los edificios originales construidos con madera y la tradicional cubierta de paja trenzada; en la segunda foto, podemos ver el horno Noborigama; y en el tercer panel, al autor en el patio de la casa seleccionando piezas para una importante exposición que se celebró en Tokio, en la que se mostraron entre otras obras significativas de su sello grandes platos y bandejas de sesenta centímetros. Dicha puesta en escena es sin duda un documento singular para entender el ambiente del artista, la tranquilidad del campo donde desarrolla su trabajo, su relación con el entorno rural -en una vecindad de apenas siete granjas-, donde el maestro es el único ceramista del pueblo.

Las formas se completan con decoraciones talladas y trenzadas en un estado de la arcilla que se denomina «dureza de cuero»; un lenguaje personal que busca la representación del movimiento (el viento sobre los campos, en el cielo y el agua). La tierra chamotada y la marca del fuego de leña potencian aun más la precisión de las aristas, la tensión de un modelado virtuoso; no se trata de una mera decoración, el relieve forma una parte indivisible del objeto y no hace sino subrayar la arquitectura de unas formas sugerentes -construidas en secuencias equidistantes-, mediante un recurso de torsiones y virados que se ven realzados en aquellos Vasos que descansan sobre sus propios pies –elevándose ligeramente a unos centímetros de la base.

El eco de estas formas parece proceder de un sonido primigenio, presente en las ondulaciones y esculpido del viento en el agua, o, en la arena, en la arquitectura de las conchas de mar o de las plantas, en un lenguaje que evoca una percepción casi gaudiniana donde la mirada se alimenta al contemplar la naturaleza. Otros diseños recuerdan secuencias presentes en los esmerados tejidos orientales hechos con fibras vegetales, o la disposición en capas que va formando una corteza como se puede ver en la imagen de esta corteza de palmera que hemos fotografiado (potenciada la sensibilidad, después de contemplar la exposición se nos presentaron en una dimensión muy sugerente los troncos de las palmeras de Valencia).

Para mostrar la obra de Knäpper, las dos salas de la planta superior del «González Martí» se han llenado de cerámica con varios ejemplos (piezas firmadas con su sello personal y realizadas entre 1983 y 2008), algunas de estas obras son replicas en metal (bronce, y aleación de cromo-niquel), otras litografías manuales, impresas sobre papel Washi (también hecho a mano con corteza de morera, una artesanía muy apreciada en Japón) en las que se han plasmado los diseños de las vasijas. Los objetos cerámicos son variados y de mayor o menor escala, piezas únicas, -desde vasos y platos de carácter escultórico hasta formas que son propiamente esculturas (estelas) pero cuya forma surge dentro del lenguaje de la alfarería. También hay otras piezas de menor tamaño, destinadas a un uso utilitario como cuencos, vasos para Ikebana, utensilios para la ceremonia del té: taza (Chawan), el recipiente que se utiliza en la ceremonia del té para el agua fresca (Misuzashi), alguna botella para sake (Tokuri) con sus correspondientes tazas (Guinomi), tarros para el té, cajas para el incienso (Kogo), botellitas de agua (que los japoneses utilizan para disolver la pastilla de tinta caligráfica), platos, bandejas, etc.

Todo se ha dispuesto sobre módulos blancos, así como en vitrinas (las piezas de mano) o en la pared (los grabados enmarcados). El recorrido por consiguiente debe ser pausado –hay mucho que ver- para poder apreciar y dedicar el tiempo necesario a cada pieza.

Las obras de Gerd Knäpper ganan mucho al natural, en mi opinión la cerámica y concretamente este tipo de objetos resultan mejor en directo, generalmente esto suele ocurrir con las mejores piezas y en particular con las de cocción de leña (por la sobriedad y profundidad del color y los matices que presentan); por otra parte el arte que trata de la alfarería suele ser más íntimo que la escultura monumental, así es que las imágenes difícilmente recogen todo el misterio de un objeto en el que la escala, el peso y la textura, son elementos esenciales que forman un todo.

Detalle de la muestra en el Museo González Martí, Valencia

En cuanto a la disposición de las obras, hay que tener en cuenta que las bases o módulos solo son un “mobiliario” adicional, es decir provisional, para distribuir las piezas en la sala, así es que en mi opinión es preferible eliminarlo mentalmente durante la contemplación, ya que resulta como algo ajeno a su entorno natural, es decir en el que realmente cobrarán vida y mostrarán todo su esplendor las cerámicas: cuando se dispongan en la mesa (para disfrutarlas en la mano), o -en el caso de las de mayor tamaño- en el tokonoma y si en una casa de diseño moderno ocupando un lugar especial donde se pueda disfrutar tranquilamente con su contemplación, o incluso en un jardín si se trata de aquellas de mayor escala, siendo el exterior lugar donde también pueden situarse sin inconveniente -las piezas cocidas en alta temperatura pueden resistir hasta las más adversas condiciones climáticas. Teniendo todo esto en cuenta comenzamos la visita a la exposición saboreando cada objeto, uno a uno, detenidamente. La obra lo merece, y comprobando que estamos ante piezas dignas de museo, no podemos evitar el pensar que sería una buena noticia si al menos alguna de estas obras se quedase en España (adquiridas por alguna institución, museo, o formando parte de alguna colección privada).

Texto: Mª Jesús Sarmiento / Fotos: Cortesía MNC «González Martí», Valencia (España)

Información

La exposición podrá contemplarse en Valencia hasta el 26 de abril de 2009 y después viajará de vuelta hasta Alemania, pudiéndose contemplar en Munich del 27 de mayo al 30 de septiembre de 2009 (Nationals Völkerkundemuseum, München).

Catálogo de la exposición

Edición: asociación de Amigos del museo Nacional de Cerámica; Patrocinio: TÜV Rheinland Group Asia; Textos: Jaume Coll, Claudius Müller, Antonio Vivas, Kenji Kaneko, Seizo Sasaki, Ingeborg Wiegand-Uhl, Gerhard Bott, Gerd Knäpper, Fujio Koyama, Tetsuzo Tanigawa; Páginas 184, ISBN 978-84-612-8619-5; Idiomas: Castellano, Valenciano, English.

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Exposición de Gerd Knäpper en el González Martí



Gerd Knäpper, exposición en el González Martí

Por • 28 de enero, 2009 • Tema: Artistas, Conferencias, Exposiciones, Técnica

Del 30 de enero al 26 de abril, 2009
Inauguración: 29 de enero 19 h., con la presencia del artista.

Valencia y el marco del Museo Nacional de Cerámica acoge -en exposición temporal- obra cerámica y gráfica del escultor alemán establecido desde los años setenta en Honsū (Japón); un total de setenta y seis cerámicas de gran fuego y ocho serigrafías impresas en papel hecho a mano (washi).

Gerd Käpper (1943, Alemania) vive y trabaja en su «estudio-galería»: Tarosaka Studios (una preciosa casona de campo con la cubierta tradicional de paja, rehabilitada a partir de la construcción original de 140 años de antigüedad), en los campos del entorno rural de Daigo, provincia de Ibaraki. Allí donde el paisaje es inspirador.

El artista sitúa su obra entre la inspiración de la modernidad, las raíces de su país natal, y el proceso de la tradición oriental (utiliza el auto-esmaltado en un horno tradicional de leña). En mi opinión, la cerámica de Knäpper muestra su gusto por lo constructivo y monumental mediante la re-afirmación que ensalza una intensa motivación, como resultado de una recreación explícita sobre la exuberancia de la naturaleza.

El escultor en su estudio, Ibaraki (Japón)

Gerd Knäpper Espiral,1983; D. 62cm.

Entre la escultura monumental y el objeto utilitario, la cerámica de Knäpper se forma como un cuerpo único, con la intención de abarcar ambos conceptos. El resultado presenta formas esculpidas, talladas, y torneadas, que como escudos o caparazones -en el bajorrelieve- retienen la marca inconfundible de fuego, sal y ceniza. Con el noborigama (horno de leña de varias cámaras construido en pendiente) Knäpper subraya la gráfica de una espiral; un tema (estético y tal vez alegórico) que a la vista de su intensa trayectoria vemos que para él es recurrente. Desde el impuso más arcaico hasta la racionalidad científica, desde el arte megalítico hasta la matemática, la gráfica de una espiral se interpreta desde varios ángulos. En su sentido más amplio frecuentemente se ha utilizando en el lenguaje de una simbología sobre el renacimiento (nacimiento-vida-muerte-resurrección).

Desde hace mucho tiempo hemos tenido noticias sobre la obra de este autor, y por extensión sobre los reconocimientos de los que ha sido objeto a lo largo de una carrera desarrollada entre Alemania y Japón. Así pues esta exposición será una oportunidad para ponderar su trabajo en directo. Bienvenido a nuestro país Sr. Knäpper.

Dossier de prensa

El autor y su obra; Exposición G. Knäpper; cortesía del Museo Nacional de Cerámica, Valencia.

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Barro, fuego, viento y ceniza

Por • 27 de enero, 2007 • Tema: Artistas, José Antonio Sarmiento, Técnica

En el alfar de José Antonio Sarmiento (León, 1956) la libertad de las formas y la energía del trazo pictórico (mediante la aplicación de los esmaltes o la marca con fuego) son expresiones reveladas por el manejo del «fuego blanco». Con este compromiso el autor se complementa con el horno de leña, acción que de por sí significaría poco si no fuese porque la siente inseparable del acto de creación: un acto intencionado que con el manejo del fuego, el viento y la ceniza, le permite trabajar en orden a comprender las relaciones del hombre con los elementos.

Video Anagama-Noborigama

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Parte II

[youtube:http://youtube.com/watch?v=R5k1uvTnbM0]

Parte III

De las siguientes palabras de Adorno:

En la obra de arte se objetiva y alcanza su quietud un devenir. Por eso la objetivación es la negación del devenir que hace que éste se rebaje a ser un como-sí. Esta es la razón por la que hoy el arte, en una atmósfera de rebelión contra la apariencia, se rebela también contra las formas de su objetivación e intenta conseguir un devenir inmediato e improvisado en lugar de uno meramente fingido, siendo así que el poder del arte, es decir, su momento dinámico, se puede existir sin una tal fijación, sin una tal apariencia. (T.W. ADORNO,Teoría Estética p.363)

Podemos quedarnos con su valoración positiva de la importancia filosófica del devenir que precede a la objetivación. Sin embargo, como receptores del objeto, nos preguntamos ¿no es en el objeto donde se lee la profunda consecuencia de todos los acontecimientos? Desde ese otro lado, ese tiempo irrepetible se nos muestra en toda su consecuencia en el objeto. En la materialización es pues donde, como «espectadores/usuarios», podemos palpar el significado de lo que en este caso tal vez sirva para entender la verdadera función, el resultado y sentido del trabajo de José Antonio Sarmiento.



Keshiki (paisajes)

Por • 17 de marzo, 2006 • Tema: Anagama-Noborigama, José Antonio Sarmiento, Técnica

El término japonés keshiki se refiere a los “paisajes” formados en la cerámica cocida en el horno anagama: los efectos conseguidos por la experiencia y el conocimiento del ceramista junto con los fenómenos naturales ocurridos dentro del mismo horno, cuando en éste se ha alcanzado y mantenido durante un tiempo considerable, desde al menos cuatro días, altisima temperatura (fuego blanco).

plto.jpg

José Antonio Sarmiento / «Paradoja» D.47cm.

Estos matices y marcas de fuego narran la historia de lo ocurrido: la acumulación de ceniza, la temperatura y la atmósfera o el viento, el lugar y la posición que las piezas han ocupado dentro del anagama.

Acercamos la mirada a algunos de estos paisajes. Entiéndase que hay muchos más y que a su vez cada uno de ellos puede derivarse en una variedad sin límite. De igual modo, las denominaciones o nombre propio que los distingue una veces no son más que símiles lógicos en alusión inspirada por el recuerdo de cosas encontradas en la naturaleza, otras simplemente son una sencilla descripción de lo ocurrido, de los materiales manejados y de los fenómenos acontecidos por las condiciones.

Las fotos, pertenecen a detalles de la obra de José Antonio Sarmiento (España – León, 1956), horneada en anagama durante siete días y en un rango aproximado de entre 1300 y 1350 grados ºC, dependiendo del lugar o situación que la pieza ocupó en el anagama.

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Anagama y Noborigama: hacia la comprensión de los resultados de un método de cocción

Por • 15 de diciembre, 2003 • Tema: Artículos, Previo Agosto 2005, Técnica

Ana-gama: (Del japonés; ana =pendiente; gama= De Kama, horno) tipo de horno cerámico, alimentado con leña a 1260-1350º C. En Japón es un estilo de horno de los más antiguos, de inspiración coreana, construido semienterrado en la pendiente de la montaña, tipo túnel. Dispone de un único espacio o cámara que funciona, simultáneamente, como hogar para la leña y como cámara donde se colocan las piezas.

Nobori-gama: (Del japonés; nobori =de varias cámaras; gama = De Kama, horno) tipo de horno cerámico de varias cámaras comunicadas entre si; construido en pendiente, de tiro invertido y alimentado con leña 1260-1350º C.

INTRODUCCIÓN:

Permítaseme comenzar con una pregunta: ¿Es la cocción de leña, en hornos de alta temperatura (Anagamas y Noborigamas), un mundo aparte en el ámbito de la cerámica artística contemporánea? Aunque así fuese, nos parece que la pasión por la leña (cerámica cocida con leña) nos conduce a otros modos de entender la vinculación del ser humano con la creación artística, en relación con la naturaleza del medio y la personalidad del individuo. Quizá hay en ello un concepto “filosófico” que en cierto modo podría calificarse de «anti-arte» –si se me permite la licencia o exageración por la libertad de utilizar el término filosófico subjetivamente– Y digo «anti-arte» entendiendo el vocablo arte tanto desde el punto de vista académico occidental de tradición neoclásica como, incluso, desde algunas de las corrientes actuales (las vinculadas en su raíz a tales postulados, y también las diametralmente críticas con ellos: las que proclamaron «la muerte del arte»). Quiero decir que el entorno de la cocción de leña, objeto de análisis, podría conducirnos a otros estratos de percepción, y con ello ampliar los significados del término Arte. Es más, yo diría que nos conduce, dentro del terreno de lo humano y desde un pensamiento liberal, a una perspectiva capaz de engarzar la preocupación artística con la experiencia vital. Y para precisar tal afirmación de un modo más didáctico expondré, lo más brevemente posible, alguno de los razonamientos que me han encaminado a tal conclusión.

En más de una ocasión ya he dicho que el horno de leña en la época de la tecnología podría parecer una contradicción. Sin embargo, desde la modernidad, hay razones para utilizar estos hornos y tienen que ver con la libertad creativa y la intemporalidad. Sencillamente, es la manera más natural de conseguir el resultado que se persigue. Con todo, quienes apreciamos un valor añadido en este tipo de cerámica, no lo hacemos por un especie de culto al pasado, ni tampoco solamente por la técnica en sí misma. Tal valoración contempla una condición sin e qua non: es preciso que la obra irradie autenticidad, algo que solo se da cuando se ha establecido –en mágica sincronía– la compenetración de la expresión personal y los medios materiales: expresionismo abstracto. Quizás habría que preguntarse si resulta que el manejo de esa técnica, y todo lo implícito a ella, encierra en sí unas condiciones especiales, propiciatorias, para que eso se produzca, o si por el contrario, hay un tipo de artista que lo elige por su idiosincrasia. De cualquier modo, puede creer el lector que los artistas especialistas en esta rama de la cerámica, al menos los que yo conozco, seleccionan de cada hornada las mejores piezas, desechando (rompiendo sin contemplaciones) aquellas que no pasan el baremo de su exigente juicio. Unas veces por dis-gusto personal, y otras a consecuencia de las duras condiciones a las que han sido sometidas las obras dentro del horno, y que a juicio de los maestros han sobrepasado los límites (se han estropeado). Sobre todo, esto último, ocurre más frecuentemente en los Anagamas [método que según los especialistas asume pérdidas de entre un 10% hasta incluso un 30%] donde las piezas reciben un contacto más dramático con las llamas que en los Noborigamas, sin menospreciar la dificultad de estos últimos, como ocurre con cualquier otro tipo de horno de leña –cuanto más de alta temperatura, como es el caso.

Este exigente criterio de selección nada tiene que ver con los parámetros de tradición helénica (como p. ejemplo: simetría bilateral); tampoco se rige por los cánones de calidad seguidos por la industria cerámica, o lo que ésta pudiese considerar como «defectos». En el caso que contemplamos podemos decir, de tal modo, que es el criterio artístico quien aprovecha y valora esos “defectos”, o mejor dicho: lo que otros ojos tomarían como defectos y que, sin embargo, esta rama de la cerámica convierte en virtud, «resultados interesantes». En consecuencia se nos presentan piezas que perturban algunos de los tópicos sostenidos por el tradicionalismo occidental, nos acercan al microcosmos de la materia y al mundo de lo Relativo, enfrentándonos cara a cara con su autenticidad.

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Anagama-Noborigama: el horno de José Antonio Sarmiento

Por • 21 de noviembre, 2002 • Tema: Anagama-Noborigama, José Antonio Sarmiento, Previo Agosto 2005, Técnica

En San Cibrián de Ardón, León (España)

Es necesario decir que para la construcción de este tipo de hornos, de los que anteriormente hemos hablado, no existen reglas fijas. Normalmente, cada artista suele construir el horno que precisa para su trabajo. En la mayoría de los casos cada uno se ha servido de una información general, para después adaptar su horno a sus necesidades concretas, según la experiencia y el tipo de producción que desea hacer. Sin embargo, como dice el maestro y prestigioso artista especialista en Anagama, Shiho Kanzaki (Shigaraki, 1942): «Después de más de 350 años sin trabajar con Anagamas, cualquier ceramista que recientemente haya construido un Anagama ha tenido que “avanzar a tientas en la oscuridad” y estudiar duramente como cocer mejor en esos Anagamas».

En la entrada Alfar-estudio de José Antonio Sarmiento, he mencionado que la decisión adoptada por José Antonio –de construir su horno, de una determinada manera– surgió después de su primer viaje a Japón. Desde hacía tiempo fraguaba en él la idea de cocer en un horno de leña, con mayor capacidad de la que disponía en el que estaba trabajando durante una década, e incluso tenía preparada una maqueta. Pero, con la visita a un gran número de hornos en Japón, entendió la amplia libertad en la que podía moverse. Y, finalmente, construyó el nuevo horno combinando ambos principios: Anagama-Noborigama; así pues, el horno de San Cibrián de Ardón, tiene una primera cámara (hogar) que funciona como un pequeño anagama, y el resto como un noborigama de tres cámaras.

Aunque José Antonio insiste en que no hay reglas fijas en este tipo de hornos, nos ofrece –a continuación– el plano del suyo. Dice: «Una de las ventajas de construir tu propio horno es la posibilidad que te ofrece de diseñar el horno adecuado al trabajo que quieres hacer. Yo realizo la cocción en tres días (aprox. 68-72h)*, aunque el horno puede llegar a la temperatura en 36 horas. Pero, se trata de “pintar con fuego”, conseguir efectos mediante la acumulación de cenizas. Hay que aprender a leer en el fuego, a escuchar el sonido del viento en el horno, y estar atento a los cambios que tienen lugar durante la cocción; cada cocción es diferente y precisa de toda tu experiencia, instinto y concentración. Por el momento estoy conociendo mi horno, y…. estoy pensando en ir alargando el tiempo de cocción».

* Post escriptum: En el año 2004 J.A. Sarmiento comenzó a hacer cocciones de siete días.

El horno anagama-noborigama de José Antonio Sarmiento

    1. cenicero
    2. parrilla
    3. boca hogar
    4. anagama
    5. mirilla anagama
    6. mirilla noborigama
    7. noborigama: 1ª cámara
    8. noborigama: 2ª cámara
    9. noborigama: 3ª cámara
    10. cámara de la chimenea
    11. ventana de la chimenea
    12. chimeneas (dos de 0,35 x 0,35cm)

Cada hornada es una aventura….

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Anagama-Noborigama

Por • 21 de noviembre, 2002 • Tema: Anagama-Noborigama, Previo Agosto 2005, Técnica

Introducción: ¿qué es un anagama y un noborigama?

El idioma japonés tiene la palabra wabi, para describir la belleza esencial que hay en el mundo de la relatividad. En otros idiomas, incluido el Español, el término no tiene traducción equivalente. Sin embargo, podemos decir que su significado se encuentra en un espacio que describe la ausencia de vanidad y falsedad; respira una presencia de tranquilidad, goce, disfrute, y –al mismo tiempo– una ausencia de todo artificio y sofisticación, para simbolizar la belleza de lo incompleto, de lo aparentemente imperfecto. Podríamos decir que Wabi es un concepto abstracto que nos muestra su representación en lo Relativo. En palabras de Kichizaemon Raku XV: «En el arte del mundo de la cerámica, el espíritu del Wabi se envuelve en una estética que enfatiza la necesidad de no incorporar solamente la belleza de la Perfección».

Podemos ver resumida la belleza que mora en la estética que incorpora el concepto Wabi, en el siguiente poema del poeta Fujiwara Teika (1162-1241):

Mirando en la lejanía
No veo las flores de primavera,
Ni tampoco las hojas carmesíes
Pero, sin embargo, en el horizonte puedo ver una
casa con techo de paja
Recién cortada en vísperas del otoño

Sobre todo, el mundo del arte que se encuentra próximo a la estética Zen, es quien valora altamente las cerámicas cocidas con leña –en los hornos Anagamas y Noborigamas– porque, entre otras cosas, esas piezas poseen cualidades que incorporan el concepto Wabi que hemos mencionado.

Hablar de hornos de leña, en una época de alta tecnología, podría parecer una contradicción. Sin embargo, en el ámbito internacional de la cerámica contemporánea no industrial, en ese que incorpora conceptos desde el punto de vista artístico, este tipo de hornos de inspiración oriental, capaces de cocer con leña en alta temperatura, a “gran fuego” (1200-1350°C), representa un movimiento internacional que en la actualidad gana adeptos y consideración. No solamente entre los profesionales, sino también entre el público sensible que valora la naturalidad. Algo muy parecido a lo que ocurre con la cerámica esmaltada con sal, también de alta temperatura, pero desarrollada en Alemania (Europa), desde el siglo XVI. Y así quedan patentes estas inquietudes, en los encuentros de cerámica que se organizan, o, en el testimonio recogido por las publicaciones especializadas.

Para designar este tipo de hornos de leña –de alta temperatura–, a los que me voy a referir, las palabras técnicas que utilizamos han adoptado internacionalmente los términos japoneses de: Anagama y Noborigama. La razón es muy simple, pues de Japón hemos recibido el conocimiento de la técnica (como los japoneses los recibieron de China y Corea). Ana-gama podría traducirse por horno de una cámara. Nobori-gama, por horno de varias cámaras.

El objetivo de cocer en este tipo de hornos, utilizando leña como combustible durante largos periodos de cocción –varios días (entre tres y doce, e incluso más)– se refleja directamente en la cerámica. Nos muestra una estética que aprovecha efectos naturales, calidades que no pueden conseguirse de otra manera y que se revelan en las huellas impresas en la arcilla desnuda, por los flameados de la leña; en las acumulaciones de cenizas –convertidas en esmalte–, en la modificación de los esmaltes –al reaccionar con la química de las cenizas, y las diferencias de temperatura o de atmósfera (oxidante/reductora)–.

Antes de proseguir, me parece necesario, aunque sea de modo breve, incluir una básica explicación que pueda permitir el discernimiento, para quienes desconocen las diferencias entre un horno Anagama y un Noborigama, y, consecuentemente, las diversas características de la obra realizada en uno u otro horno.

Horno anagama-noborigama de José Antonio Sarmiento
San Cibrián de Ardón – León, España

El Anagama (horno de una cámara): es un tipo de horno cerámico, de leña y de alta temperatura; en Japón es uno de los más antiguos estilos de horno, construido en pendiente, tipo túnel. Dispone de un único espacio o cámara que funciona, simultáneamente, como hogar para la leña y como cámara donde se colocan las piezas. De tal modo, las piezas cocidas (1200-1350°C) en este tipo de hornos, presentan unas características especiales: acumulación de cenizas, escorias, grietas o deformaciones naturales (piroplasticidad), todo ello causado por el largo periodo de cocción y las diferencias de temperatura, etc. Hay que decir que la cocción en un horno Anagama no es demasiado predecible; requiere una gran experiencia por parte del alfarero, quien también se implica con los acontecimientos que le proporcionan la naturaleza y virulencia de las llamas (desarrolladas en estrecho contacto con la cerámica).

Los antiguos alfareros japoneses habían dejado de construir Anagamas a partir del siglo XVII, al sustituirlos por otro tipo de horno: el Noborigama (horno de varias cámaras), de tiro invertido. Debido a razones de una mayor productividad y un control más eficiente de la cocción que incluye la producción de esmaltes, como veremos a continuación cuando hablemos del Noborigama. Generalmente las producciones tradicionales realizadas en los antiguos hornos Anagama carecían de esmalte. Cuando vemos las piezas históricas realizadas en Anagama hay que saber que, aquello que –en ciertas zonas de las piezas– aparenta ser un esmalte elaborado, no es más que una acumulación de cenizas naturales, provenientes de la leña utilizada como combustible y convertidas en esmalte por la alta temperatura.

Felizmente, la cerámica contemporánea recuperó -después de 350 años de interrupción- la producción en Anagama; un revival iniciado a mediados de los años sesenta que debemos asociar, según nos cuenta Shiho Kanzaki, con artistas como los señores Michio Furutani, y, Yasuhisa Kouyama –en Shigaraki Japón–. Desde entonces y hasta el momento actual se ha producido un resurgimiento que se incrementa cada día. Y, como dato estadístico, observamos que tan solo en la localidad de Shigaraki, hoy, funcionan cincuenta y tres Anagamas. Aunque, lo mejor –según mi opinión– es que el mundo de los Anagamas y Noborigamas contemporáneos en activo ya no es localizable solamente en Japón o en Oriente, sino que también el interés y la práctica se ha extendido a los países occidentales, con gran calidad de obra y reconocimiento de sus autores.

De todas formas, como es natural, Japón continúa siendo una referencia importante en este estilo de cerámica. Algo bastante razonable si se piensa que el mayor número de artistas brillantes en esta especialidad son japoneses, aunque en su país hay muchas otras clases de cerámica también. Pero no hay que olvidar que ellos poseen una importantísima tradición en este tipo de cocciones y el mayor número de artistas dedicados a la especialidad cerámica. Además, como ya he dicho, la filosofía Zen se ha identificado estrechamente con este modo de hacer.

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