Exposición de Chillida en Japón

Por MJ. Sarmiento • 10 de marzo, 2006 • Tema: Exposiciones

La experiencia de Chillida es una experiencia de los límites,
y en cierta manera un intento de interrelación o de transgresión de los mismos, como lo es la experiencia de los místicos en el terreno del lenguaje

Kosme de Barañano

Comisariada por Kosme de Barañano, la exposición itinerante por tres ciudades japonesas mostrará más de 60 obras entre esculturas, grabados y terracotas de Eduardo Chillida (1924-2002), el genial escultor donostiarra. Obras que, siguiendo el calendario del 2006, pueden y podrán contemplarse: del 21 febrero al 2 abril en el Museo de arte de la Prefectura de Nagasaki, del 11 de abril al 21 de mayo en el recientemente renovado Museo de Arte de la Prefectura de Mie,y, del 10 de junio al 30 de julio en el Museo de Arte Moderno de Kamakura.

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Hall del Museo de Nagasaki

Eduardo Chillida decía que su obra es reflejo de la luz negra de su tierra, la luz del País Vasco. Su trabajo, supo recoger esa luz junto con el sonido, la respiración y el lenguaje de los materiales empleados. El hierro, el acero, el hormigón, el alabastro, la madera, la piedra, el fieltro, el papel y la tierra cocida fueron los medios que utilizó para reflexionar sobre lo esencial. En las obras de Chillida pueden contemplarse la gravitación, la pesantez, la geometría que esculpe el vacío, o también lo lleno. Precisamente, sobre lo lleno hablan las terracotas de Chillida; él las llamó lurras (en el idioma euskera). En las lurras de Eduardo Chillida puede sentirse la potencia, el peso de la expresión maciza. Trabajó en estas obras desde 1977 en St. Paul de Vence (Francia), con la colaboración y en los hornos del ceramista de estudio Hans Spinner; Chillida se entusiasmó con el peso de la tierra chamotada, con el sonido de la pella al caer sobre la madera. Se encontró con un material en sus manos que moldeó en grandes bloques escultóricos; en forma de estelas; en forma de losas que utilizó como muro de sus pinturas con óxidos de hierro y cobre. En las lurras puede saborearse la alta temperatura y la tonalidad de la cocción: limpia cuando el artista eligió el horno eléctrico, y, la marca del fuego en la piel gresificada cuando optó por la cocción de leña.

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Obra cerámica de Eduardo Chillida

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